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Angustia y aburrimiento

Según Martin Heidegger en Ser y Tiempo, tanto angustia como aburrimiento constituyen estados de ánimo que abren a la posibilidad más auténtica, a la que puede acceder el individuo en su cotidanidad. Hablamos de la probabilidad de un atisbo de nuestro complejo plano ontológico. Esta posibilidad vería la luz al enfrentarse el Dasein a la nada, como contracara de su propio ser. Esta vinculación que tanto aburrimiento como angustia podrían establecer con la nada, y que causa la transformación del Dasein, presenta semejanzas y diferencias en ambos estados fundamentales de la existencia en cuanto a su modo de aproximación

Así, en ambos temples anímicos el individuo refiere a una totalidad indeterminada, a una a homogeneidad abarcadora en todo aquello que lo circunda, y a una extrañeza del mundo que lo rodea. Templado por tanto angustia como aburrimiento, el sujeto entra en esa zona ajena donde todo se vuelve igual y homogéneo. Es el modo con que Heidegger ontroduce al lector en el ámbito de la nada.

Al mismo tiempo en los dos estados de ánimo existiría una relación proporcional entre el nivel de profundización de los mismos y su indeterminación: cuánto más nos acercamos a la esencia, o cuánto más nos situamos en las cercanías del plano ontológico, encontramos una mayor indeterminación y ambigüedad para poder describirlos. Heidegger refiere al respecto, que en tanto menos podamos expedirnos sobre èl y “traerlo a palabra “tanto más nos acercamos al borde de la existencia”.

La angustia es descripta por Heidegger como un estado anímico que nos causa desazón debido a que no podemos encontrar la causa de tal extrañamiento. Es una sensación que abarca la totalidad del sí mismo. Todo aparece como falto de significación. La angustia nos oprime y nos sobrecoge. lLa angustia da cuenta de la nada.

“Uno se siente así en conjunto. Todas las cosas y nosotros mismos nos hundimos en la indiferencia. Pero esto no en el sentido de una mera desaparición, sino que todo, en el sentido de que, cuando se apartan como tales, las cosas se vuelven hacia vuelve hacia nosotros.” (Heidegger, 2003: 26)


La angustia desconoce aquello que la ha desencadenado. Esta indeterminación niega incluso la posibilidad de que el ente concreto llegue a suscitarlo ya que el “ente intramundano en general no es “relevante” (Heidegger 2018:186). Poco a poco se progresivamente elimina aquello que pudiera conformar “el ante que” (el ser “a la mano”, la presencia y el mundo mismo) y el Dasein se siente apabullado por un mundo que tiene el “carácter de una insignificancia completa”. Solo se siente opresión y confusión.

“Este apartarse el ente en su totalidad, que nos acosa y rodea en la angustia, nos aplasta y oprime. No nos queda ningún apoyo. Cuando lo ente se escapa y desvanece, sólo queda y sólo nos sobrecogeese “ningún. (Heidegger, 2003:27)


Indeterminación, homogeneidad, indiferencia, oposición a ser definidos son todos rasgos que se observn una y otra vez en las proximidades de la nada.

La confrontación con la indeterminación de la nada vuelve a repetirse en el estado de ánimo del aburrimiento. En el tercer tipo de aburrimiento - el que permite al individuo el acceso a su propiedad y por lo tanto acceder el plano ontológico- el tedio no se refiere a una situación ni a una disposción determinada. El tedio que llega a atraversanos y a transformar nuestra existencia muestra que todo lo ente se ha hundido en la nebulosa de la indefinición donde todo vale “igualmente mucho e igualmente poco”( Heidegger 2016:136). Una vez más la nada se ha hecho presente. La falta de total interés del individuo que se sitúa en una posición, de dejadez, donde no interesa ente alguno, incluido el propio Dasein se pierde en una total incomprensión de todo cuanto le rodea. Todo aquello que conocíamos y que nos era familiar, todo hábito, todo ente a la mano, toda situación, quedan cuestionados e incomprendidos.

Además la falta de significación que trae aparejada la nada se patentiza en la angustia además en una sensación de desamparo y de estar fuera de casa (Umheimlich) : el mundo aparece como una masa informe y homogénea, sin delimitación alguna, imposible de provocar el mínimo interés.

Según Pilar Gilardi la respeccionalidad misma es puesta en tela de juicio, debido a la presencia de la nada. Una vez que la angustia quedó atrás suele decirse, que “no era nada”. Pilar Gilardi lo interpreta de esta manera:

“Esa total insignificancia es expresión de la fractura, del rompimiento de todo lazo respeccional: que las cosas ya no nos digan algo, significa que nada nos refiere a nada, que esa relación constitutiva de los entes intramundanos esa referencialidad esencial se ha venido abajo.”(Gilardi 2003:35)


En el aburrimiento profundo la pérdida de significación se encuentra en el primer momento del aburrimiento profundo cuando se nos señala que dicha afección provoca el ser dejados vacíos. Esta sensación desagradable que no permite diferenciar entes sino que los homegeiniza en un todo informe, pone de manifiesto una vez más la presencia de la nada entendida como la “huida del ente en su conjunto”. Al no encontrar significado en ningún ente ya nada nos puede ofrecer posibilidad de actuar.

Al quitarle al Dasein la posibilidad de interpretarse a partir uno porque el mundo en sí mismo se ha vuelto angustioso o aburrido, carente de significación no queda sino se un retorno sobre sí mismo en busca de alternativas. El trato familiar es reemplazado por un extrañamiento inquietante ante el cual no hay nada que decir. El Dasein ha perdido todo punto de apoyo, y sin tener en que sostenerse siente que el mundo se derrumba. Aislado en la angustia y en la infructuosa búsqueda de significación el aislamiento lleva al Dasein a su propio poder-ser en el mundo. La angustia al revelar la nada abre a lo propiamente constitutivo del Dasein. En el caso del aburrimiento la falta de significación también provoca un empobrecimiento de las relaciones con los entes con los que se mantenían vínculos habituales pero simultáneamente “trae por primera vez al sí mismo en toda su desnudez a sì mismo como el que es ahí y ha asumido su Dasein” (Heidegger 2017:215)

Pérdida de la comprensión mundana y apertura a la propia dimensión dos momentos presentes en angustia y aburrimiento posibilitados por la falta de significación y perdida de familiaridad provocados por la presencia de la nada.

Otra característica común a ambos estados de ánimo es la actitud equivalente que se observa en la huida o en el rechazo que tiene lugar ante la presencia de la nada. En el caso de la angustia, no sólo es angustia ante, sino angustia por : la causa es el mundo mismo. El angustiarse es un modo fundamental del ser-en-el mundo. El desagrado y el escape se verifican también en el caso del aburrimiento, aunque aquí nos es referido como un “rechazo ante “, “un “querer deshacernos de él, aquel estado de ánimo sobre el cual no sabemos demasiado.

“¿Por qué no sabemos de él? ¿Tal vez porque no existe en absoluto? ¿O porque no queremos saber de él? (…) Al cabo no queremos saber de él, sino que continuamente tratamos de escapar de él.”(Heidegger 2017:112)


Ella no atrae hacia sí, como el ente en general, sino que al igual que en el aburrimiento su esencia es el desistir. Estas determinaciones de la nada se encuentran explicitadas con toda claridad por el mismo Heidegger en su conferencia de ¿Qué es Metafísica? de1929:

“En la angustia reside un retroceder ante…que desde luego ya no es ningún huir, sino una suerte de calma hechizada. Este retroceder ante…toma su punto de partida en la nada. La nada no atrae hacia sí, sino que por esencia rechaza” (Heidegger, 2003:30)


En Ser y Tiempo, la nada se presenta en el contexto de una experiencia que debe dar

cuenta de manera integral de los diferentes momentos de la analítica del Dasein. Esa experiencia que muestra el ser del Dasein tal como es y desde él mismo no se identifica con ente alguno y al no identificarse con algo se revela como nada. Heidegger encuentra entonces en la angustia un modo de expresión simplificada y elemental de una apertura originaria y amplia.

Ahora bien, si los temples anímicos no constituyen una afección secundaria ni una disposición accesoria, y nos abren a la totalidad del ente intramundano, la nada se encubriría bajo ellos y será necesario encontrarla.

“En la claridad de la mirada provocada por el recuerdo a[un reciente no nos queda más que decir :de lo que y porlo que nos angustiábamos no era “propiamente nada. Y de hecho la propia nada, como tal estaba aquí”. (Heidegger 2003:28)


Una de las pruebas más palpables de que la nada se hace presente en la angustia es que nos deja sin palabras. Como el ente desaparece para el Dasein, huye, y no es posible encontrar algo de lo que aferrarse, el Dasein queda solo enfrentado a su existir.“La angustia nos hace perder el habla. Como el ente en su totalidad huye y la nada acude entonces calla en su presencia toda enunciación del ser. (Heidegger 2003: 27).

Por último, podemos puntualizar la transformación que ambas causan en el Dasein quien al ser templado por ambas le permite desocultar su verdadero poder-ser, accediendo de este modo al plano ontológico. En el caso de la angustia un Dasein absorto en el mundo de la ocupación, a merced de las opiniones y de la voluntad del uno, deberá asumir la condición de arrojado, comprender la existencia. Es la nada como hemos visto que nuevamente presenta esta posibilidad de acceso. Creemos que en este punto central radica precisamente lo novedoso del pensamiento heideggeriano, en tanto desafía al pensamiento científico de su época llevando el encuentro del Dasein con la nada como vía posibilitadora de acceso a la propiedad del ser.

En ambos temples anímicos hay un estado de “caída” o situación inicial en el mundo de la ocupación o cotidianidad habitual, pero, una vez que el individuo ha sido atravesado por el correspondiente temple anímico es impulsado hacia una transformación de su interioridad.

“Pero es menester además, que sigamos íntegramente la transformación del hombre en su ‘existir’ (Dasein)-transformación que toda angustia produce en nosotros-para captar la nada que se manifeistaenella y tal como se manifiesta”(Heidegger 2006:30)


Ser pasible de poder templarse con el estado de ánimo correspondiente, no es sino el enfrentamiento del Dasein con el vacío y la extrañeza que la nada provoca . No obstante ,la nada resulta ser la contracara de una misma moneda. Si logra abandonarse a la experiencia de la angustia o del aburrimiento, podrá efectuar ese salto particular de la propia existencia para encontrarse con su verdadera mismidad, la propiedad de su ser.

En ambos temples anímicos se encuentra también una toma de decisión planteada por la resolución, denominada precursora en el estado de ánimo de la angustia y tan solo resolución en el caso del aburrimiento profundo. Sin embargo, en el segundo caso, en la forma del tedio profundo, Heidegger dedica mucho más tiempo a la elucidación del instante y su impronta en esta toma de decisión. Esto se acompaña a todo el tratamiento en del aburrimiento, en general más directamente ligado al tiempo De igual manera en el tratamiento de la angustia hay un amplio desarrollo de esta disposición afectiva de cara a “ser para la muerte” que no se presenta en el caso del aburrimiento.

Resumiendo entonces: cuando nos encontramos en una disposición de ánimo (Gestimmstein)en la que se está determinado de tal o cual manera, quedamos en medio de lo ente en su totalidad, atravesados por tal temple anímico. Pero este estado de ánimo no solo ofrece la posibilidad de encontrarnos ante el ente en su totalidad, sino que constituye el acontecimiento más importante de nuestra existencia. Ellos no implican un suceso pasajero ni accesorio de nuestra pensar o de nuestro querer. Influyen decisivamente en ambos casos en nuestras vidas. Estas disposiciones anímicas que nos colocan frente al ente en su totalidad encubren al mismo tiempo a la nada que al presentarse como la contracara del ser,colabora en una verdadera transformación del mismo.