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El Pasito de Baile

El cuerpo frágil y endeble del niño jalaba con esfuerzo el grueso cordel que sostenía el cubo de agua. Sus pequeñas manos tiraban con ahínco de la soga de yute que comenzaba a enrojecer la piel de sus palmas rosadas y tibias. Se detuvo bajo el abrasador sol sanjuanino a fin de recobrar fuerzas y limpiar las gotas de sudor de su frente. En la lejanía divisó la figura corpulenta de su tío que arrastraba seguramente la resaca de la noche anterior.

A medida que se acercaba a la pequeña casa de adobe iba distinguiendo entre la polvareda la silueta rechoncha sentada a hojarcadas en el sillín desgastado de madera y heno. El chambergo ladeado hacia un costado, la camisa soldada a la piel sudorosa, mascaba con gesto displicente el fruto de las parras que arrancaba desde el estratégico rincón a la sombra y escupía el sobrante hacia su izquierda.

- Apúrese m´hijo! Cada día más holgazán este gurí. La tiene ahí a su madre esperando pa´baldear el patio.


A Juanito le pareció que sus intestinos se estremecían en una contorsión de dolor. Idolatraba a su madre cuya belleza cetrina se había esfumado a tan sólo los 33 años después de 9 partos. Observándola barrer el piso en el umbral de la puerta sus pasitos cortitos apuraron el paso mientras sus manos acusaban ya el signo de las llagas.

Con una sonrisa amplia y compradora que encantaba a todos depositó el cubo de agua en el piso y ensayó un pequeño pasito de baile a un lado y a otro terminando en un giro, un taconeo y los brazos abiertos en una V de victoria. Desde adentro se escucharon las risotadas de sus hermanos y aún su tío dio la vuelta desde su abulia y pachorreria para contemplar aquella hábil pirueta. El rostro ajado de su madre atravesado por infinitas líneas profundas, uno diría cicatrices levantó los ojos cansados y por un momento cierto fulgor pasajero pareció iluminarlos

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John the Joker tomo un último sorbo del potente whisky que colaboró a tragar la poderosa píldora energizante. Era el único modo de llegar hasta el final de pie. No tenía ni las ganas ni la energía pero la paga era excelente. Su maquillaje exagerado escondía la tristeza que se avizoraba en su mirada perdida hacia una esquina del escenario. Lentamente el chirrido del pesado telón aterciopelado comenzó a deslizarse hacia una y otra punta mientras una multitud vociferante estallaba en aplausos y exclamaciones estruendosas. El show daba su comienzo.